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lunes, mayo 03, 2010

El día que usted conoce al hombre de sus sueños… y a su preciosísima esposa.

¡Ah, son ironías de la vida! ¿Ha escuchado usted esta frase? Se refiere a esos momentos en los que esperamos que suceda algo y ocurre sencillamente lo contrario, como si el destino nos jugara una mala pasada. En su canción “Ironic”, la cantante canadiense Alanis Morissette ofrece una idea de esas ironías que todos hemos vivido.

La canción habla de un hombre que cumple los 98 años, gana la lotería, pero muere al día siguiente.

Habla del señor “muy seguro”, quien a pesar de su miedo a volar toma un avión por el que esperó toda su vida y éste sufre un accidente.

Habla también de un entaponamiento del tráfico cuando ya es tarde para el trabajo, un millón de cucharas cuando se necesita un cuchillo, y del día que usted conoce al hombre de sus sueños… y a su preciosísima esposa.

Hay situaciones cotidianas que hacen reír por la ironía que comprenden, y hasta cabe preguntarse si en algún lado no habrá alguien viéndolo y riéndo también. La ironía es tan antigua como el hombre y forma parte de su accionar. En literatura es un recurso estilístico mediante el cual se afirma lo que no se piensa, la mayoría de las ocasiones por burla.

¿QUÉ ES Y CÓMO SE MANIFIESTA LA IRONÍA?
Para Kaly Báez Durán, psicológa clínica, la ironía “es la figura mediante el cual se da a entender lo contrario a lo que se dice, mediante la articulación, entonación y los gestos dejamos ver al otro que lo que decimos no es cierto”. La experta, quien ofrece consultas en el Centro Vida y Familia Ana Simó, añade que la ironía es una conducta aprendida, una forma de expresión que obtenemos de nuestros padres o tutores mientras aprendemos a interactuar con el mundo. Muchos afirman que expresarse con ironía es sinónimo de inteligencia, y que hacerlo con maestría significa amplio bagaje cultural. Báez Durán refuta este planteamiento: “El utilizar la ironía como forma de expresión no define la inteligencia, la diferencia de quienes la utilizan y quienes no, es que lo han aprendido y esto si va depende del bagaje cultural que se maneje”.

Irónicos son vistos como arrogantes, ser irónico consiste en decirle a alguien una verdad disfrazada; es decirle precisamente lo contrario a lo que es y esto puede tener varios objetivos. Se emplea la ironía unas veces para rehuir el castigo o la reprobación, otras veces por afecto y otras por no herir ni suscitar discusiones, pero indudablemente, la ironía esconde el afán de superioridad de quien la utiliza.

¡Salve, Rey de los Judíos! Dijo Poncio Pilatos a Jesús cuando lo mantenía prisionero, justo antes del juicio ante el pueblo que conduciría a su posterior crucifixión.

La frase, que más tarde sería reproducida en la inscripción que se colocaría sobre la cruz, es totalmente sarcástica. El sarcasmo no es más que el uso de la ironía de manera malintencionada, con el propósito de herir y maltratar.

Apreciación social
Según explica la psicóloga Katy Báez Durán, del Centro Vida y Familia Ana Simó, las personas catalogadas como irónicas son vistas socialmente “como decimos aquí: pesados, sabelotodos y poco humildes”. Advierte que amén de esa percepción popular general, también hay ciertos defectos y actitudes negativas que se relacionan con esta forma de ser.

Dentro del perfil psicológico del irónico se incluyen cualidades negativas como el complejo de superioridad, teniendo en cuenta que las personas que utilizan este recurso con mucha frecuencia se perciben como poco humildes o arrogantes. La hipocresía también podría estar relacionada a la ironía, que se manifiesta en palabras con ayuda de gestos y cambios en el tono de voz para poder hacer uso de la simulación.

CONSECUENCIAS DEL EXCESO DE IRONÍA
Báez Durán dice que la ironía, cuando se manifiesta en exceso y se usa en detrimento de alguien, puede ser el síntoma de varias patologías psíquicas de importancia, pero advierte que en ninguna tiene asociación fuerte.

Añade que “la ironía per se es una conducta errónea” y dice que es importante para quien la practica en exceso hacerse consciente de ella para poder cambiar.

“Con empatía y autocontrol la persona podrá comunicarse mejor con otros”, afirma.

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