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martes, agosto 04, 2009

Obama da matrícula universitaria gratis a los soldados...

Soldados de EEUU en Irak. | AFP

Ahora, Barack Obama y el Congreso han dado un paso más en esa dirección, al anunciar matrícula gratis en las Universidades para todos los que hayan servido en las Fuerzas Armadas desde el 11-S. La medida ha sido promovida por el senador Jim Webb, un curioso personaje: veterano de Vietnam, secretario de Marina con Ronald Reagan y, hasta que el Partido Republicano giró a la derecha en los 90, un destacado líder de esa formación en Virginia.

El modelo de la Ley es la llamada G.I Bill (G.I. son las iniciales de 'galvanized iron', o 'hierro galvanizado', pero en EEUU es un término que significa 'soldado'). La G.I. Bill es una Ley de 1944 tremendamente neokeynesiana: daba un subsidio de paro de 20 dólares semanales (que hoy equivaldría a unos 170 euros) a los soldados que al regresar de la Segunda Guerra Mundial no encontraran trabajo, les concedía créditos para la compra de viviendas y apertura de empresas y, sobre todo, les subvencionaba el acceso a la Universidad. En total, la G.I. Bill produjo 450.000 ingenieros, 233.000 maestros y 79.000 médicos, y fue una de las puertas que abrió las Universidades de EEUU a los negros.

La nueva G.I. Bill se centra en la educación. En EEUU las universidades públicas también cobran por la matrícula. Y bastante. En Montana, que es el Estado más caro en ese capítulo, estudiar en un centro del Estado sale por 13.000 dólares (9.100 euros) al año, sin contar gastos de alojamiento, material académico, seguro médico (las Universidades suelen exigir a sus estudiantes que lo tengan) y manutención. Ahora, cuatro años de matrícula y buena parte de los gastos adicionales, corren a cargo del Estado siempre que un soldado haya servido durante tres meses después del 11-S.

En EEUU, como en casi todas partes, los soldados son pobres. La inmensa mayoría de ellos son blancos de zonas rurales del sur, negros, hispanos y nativos. Y las Fuerzas Armadas son una especie de Estado de Bienestar, con sus propios hospitales, sistema de pensiones y hasta Universidades. De hecho, desde la perspectiva española es curioso lo bien que ee.uu trata sus soldados En 2003, por ejemplo, un soldado costaba en promedio 99.000 dólares (que hoy, descontada la inflación, serían casi 114.000 euros), de los que sólo el 43% era sueldo. Esa cifra no incluía el entrenamiento ni el salario extra por ir a la guerra.

En otras palabras: en EEUU, ir a las Fuerzas Armadas es una opción respetable, cosa que en España, seamos honestos, no lo es. Una vez, otro compañero de Master que había sido Navy SEAL (una unidad de más élite aún que los ‘Boinas Verdes’), me explicaba que, si se descontaban todos los beneficios extrasalariales que habían perdido al colgar el uniforme, sus ex compañeros que se habían ido a trabajar como contratistas en empresas de mercenarios habían hecho un pésimo negocio. Es cierto que cobraban varias veces más que un Navy SEAL, pero no tenían sanidad gratis. Ni pensión garantizada. Es más, tampoco tenían descuentos en las tiendas. Y ni siquiera podían comprarse antes que nadie y a un precio muy rebajado la última consola de Sega o Microsoft en cualquier base de Irak o Afganistán. (Mi amigo, no obstante, colgó el uniforme y trabaja ahora en McKinsey, con lo que me imagino que gana tanto como un Navy SEAL, un contratista de Blackwater y yo juntos).

Así, en un país una movilidad social muy baja, las Fuerzas Armadas se convierten en una forma de ascenso en la sociedad. Justo, me parece a mí, al contrario que en España, donde, volviendo al arranque de este 'post', no me parece a mí que nadie esté por la labor de darle a nuestros soldados en Qala-i-Now una subvención para que se haga un Master en el IESE.

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