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domingo, agosto 02, 2009

Viajes mortales por mar son la única esperanza de muchos haitianos

Limonade.- El hombre salió en medio de la noche sin decirle a su esposa e hijas adonde iba. Sólo prometió que volvería pronto.

Alix Charles, de 23 años, fue una de decenas de personas que abordaron una lancha para tratar de llegar desde Haití hasta las islas Turcas y Caicos, en un viaje que culminó con la muerte de al menos 15 personas, y probablemente decenas más. No se tiene noticias de Charles desde entonces.

"No estoy enojada. Fue en busca de una vida mejor", declaró la esposa de Charles, Dieula, de 20 años, mientras amamantaba a su hija Julie, de nueve meses, detrás de una hilera de cactus en la casa de su madre. "El problema es que no sé si está vivo o muerto, y no tengo a nadie que me ayude con los chicos".

Miles de personas escapan todos los años de este país de 9 millones de habitantes. Arriesgan sus vidas en la esperanza de poder trabajar en "lot bo dlo", o del otro lado del mar en creol. Hay una pobreza extrema en esta isla montañosa, densamente poblada, en la que abundan el hambre, el desempleo y los desastres naturales.

Es así que constantemente zarpan precarias embarcaciones repletas de gente hacia Estados Unidos y otras islas del Caribe. Los contrabandistas tratan de usar a Puerto Rico o la República Dominicana como escala. Hay asimismo gente que viaja con visa turística y se queda allí.

Cuando llegan a tierra firme, trabajan en la construcción, en plantaciones de azúcar o en complejos turísticos, y sueñan con conseguir visas para Estados Unidos y con sacar a sus familias de poblados polvorientos como Limonade, un conjunto de casuchas de barro, madera y cemento.

Muchos no logran completar el recorrido. Son interceptados por las autoridades de algún país o son timados por contrabandistas que les mienten acerca de la capacidad de sus embarcaciones o provocan naufragios intencionalmente para evitar ser pillados. Los tiburones, la fatiga y aguas agitadas pueden producir tragedias.

Al menos 369 personas fueron repatriadas a Cap-Haitien desde enero, según las fuerzas de paz de las Naciones Unidas.

Para los países que las reciben, son una mano de obra muy requerida y también un serio problema.

Se calcula que en la República Dominicana hay un millón de haitianos que padecen de discriminación y violencia.

Las autoridades estadounidenses dicen que es imperioso promover el desarrollo de Haití para contener el éxodo. Después del golpe militar de 1991 contra el presidente Jean-Bertrand Aristide, unos 34,000 haitianos pasaron por la base naval de Guantánamo, escala para quienes son devueltos a su país, de acuerdo con GlobalSecurity.org.

El presidente Rene Preval le viene pidiendo a Washington desde hace meses que suspenda temporalmente la deportación de haitianos debido a la destrucción causada por cuatro tormentas tropicales el año pasado.

La secretaria de Estado Hillary Clinton dijo durante una visita en abril que el gobierno estadounidense estaba considerando el pedido, pero que quería asegurarse de que ello no alienta a la gente a intentar el viaje.

El barco que transportó a Charles era rojo y azul y se llamaba "Se Lavi", o "así es la vida". Zarpó en la madrugada del sábado desde un páramo a varios kilómetros de Limonade. Es probable que Charles haya llegado allí caminando a través de bosques y pantanos.

La mayoría de las personas que iniciaron el viaje no les habían dicho a sus familiares lo que iban a hacer, para no alarmarlos, porque no querían que nadie supiese o para que los suyos no se diesen cuenta de que habían hecho semejante gasto.

Hacia las diez de la noche del domingo la embarcación chocó contra unos arrecifes y las aproximadamente 200 personas que transportaba fueron arrojadas al mar.

Buena parte logró llegar a los arrecifes, donde pasaron 17 horas, hasta que llegó un barco de la Guardia Costera estadounidense que los rescató.

La tragedia comenzó a gestarse semanas atrás, cuando individuos de Cap-Haitien, la segunda ciudad más grande de Haití, llegaron al pueblo en motocicletas e informaron que pronto partiría un barco.

La mayor parte de los ocupantes del barco pagaron el equivalente a 375 dólares, lo que gana el haitiano promedio en un año.

"Cuando escuchan que va a zarpar un barco, venden todo lo que tienen", dijo la madre de Charles, Adline Moransy. Sus manos temblaban mientras hablaba. Llevaba varias noches sin dormir, ansiosa por tener noticias de su hijo.

Charles ya había ido una vez a Estados Unidos, tras el nacimiento de una hija, Esmeralda, que hoy tiene tres años. Trabajó como jardinero y haciendo arreglos para una mujer británica. Ganó suficiente dinero como para comprarse un pasaje aéreo y regresar a Haití.

Su padrino, quien vive en las Turcas y Caicos, dijo que tiene entendido que Charles está vivo, pero nadie lo puede asegurar. Lo único que queda es esperar a que los sobrevivientes sean enviados de vuelta a Haití.

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